De no hacer nada se trata

Nota

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Después de un rato, me encontré que no estaba haciendo nada. Nada de nada. Que estaba aburrido, pero que quería hacer algo realmente. Me preguntaba qué y tampoco encontraba nada para hacer, pero tampoco sabía qué era exactamente lo que quería hacer. A veces pasa que queremos hacer algo pero, por alguna razón, “no podemos”. Bueno, éste no era el caso.

Pensé durante un rato qué podía ser lo que quería hacer y pensé qué podría ser divertido hacer en éste momento. Hacía un rato había terminado de ver “The Finland Phenomenon” y tenía pensado seguir viendo algo en la tele. En primer lugar había pensado ver algunos capítulos de Beetlejuice, pero al finalizar la película me di cuenta que no tenía muchas ganas de ver eso. Quería ver algo más relacionado con la educación, que era el hilo de lo que venía viendo. En realidad, tenía ganas de aprender algo, de crecer en cuánto a conocimiento, y es por eso que había pensado en Beetlejuice, ya que está en Inglés y sin subtítulos, lo cuál está complicado de seguir pero está bueno para entrenar la oreja.

Ahí paré un segundo. Me puse a pensar nuevamente “qué podía hacer” y nada aparecía. Fui a la computadora y me puse a navegar un rato en internet, consultar algunos mails y leer algunas noticias. Al los pocos minutos me dí cuenta que había caído nuevamente en los mails del trabajo y dedicí alejarme de la computadora ya que no quería ponerme a trabajar, ya que muchas veces es difícil luchar contra eso.

Volví al comedor y puse música. Me quedé sentado escuchando un poco y pensando en qué me pasaba, cómo me sentía y cómo “solucionar” ese mal estar que sentía y del cual desconocía el porqué. Pensé bastante y entre todas esas cosas me vino algo que estuve charlando con Ginés el Jueves pasado sobre el “no hacer nada” (dolce far niente) y me dije: “Quizás de eso se trata”.

Me quedé un rato sentado, escuchando la música que estaba sonando y “meditando” de alguna manera. Casi automáticamente a los pocos minutos de haberme sentado a no hacer nada me dije: “ésto hay que escribirlo”. Me fui a la oficina, busqué la netbook, me senté en un sillón y apoyé la netbook en la mesada. Luego busqué el teclado USB, me tiré en el sillón solo con el teclado y... acá estoy “no haciendo nada”.

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